Hace no pocos días que en el debate nacional se encuentra la actitud de votar anulando el sufragio como una posibilidad viable y hasta deseable para ejercitar el próximo 5 de julio. Ante esta situación es preciso realizar un análisis de lo que esta discusión puede representar en las elecciones inmediatas siguientes:
Primero, los partidos (y hasta la iglesia, Dios nos salve de esta situación) se han centrado en últimas fechas en la descalificación de la propuesta del voto nulo. Lo anterior, da la sospecha de que ante la falta de opciones es mejor distraer la atención.
Segundo, me parece que la opción de anular nuestro sufragio es perfectamente viable o inviable, todo según los objetivos que se persigan. A continuación explicare el por qué de dicha postura:
Si anulamos el voto pero no nos abstenemos contribuimos a la llamada sumatoria total de votos (como ya lo dilucidó el Dr. Crespo). En ese sentido, al hacer la división de los votos obtenidos por los partidos pequeños entre el total de los votos de la elección es mucho más viable que los partidos chicos desaparezcan y con ellos el gasto excesivo. Entonces si queremos quejarnos en este sentido la anulación es el camino.
Sin embargo, si nuestro objetivo no es el castigo a los partidos pequeños, sino al partido en el gobierno la opción, en definitiva, no es anular nuestro voto, sino votar por aquella propuesta que más se acerque a lo que buscamos.
Es así como en un análisis corto podemos empezar a reflexionar. En mi caso, la opción es sacar del poder a quienes llegaron a él con fraudes. Ustedes juzguen cuál es la suya…
Desde un lugar de la Ex-Tenochtitlán
Pachas
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